
Pues nada volvemos a nuestro bosque y observamos a nuestro amigo árbol. En su transcurrir de vida, pasa los días viendo cómo evoluciona todo, como viene un nuevo día, como transcurre y como el día da paso a la noche, el sol a la luna. El árbol es inmóvil, no se puede marchar a su casa y recogerse. El observa todo lo que pasa a su alrededor, y lo acepta. No emite juicios, ni critica, ni arremete contra otros árboles de su alrededor… Él solo observa y acepta.
Si volvemos a riachuelo, veremos cómo alguna gota de agua es salpicada fuera del curso. Esas gotas, también vuelven a aceptar el destino. No se sienten traicionadas por haberlas apartado del resto de compañeras gotas. Llegado el momento, se evaporaran y comenzaran una nueva experiencia.
Nosotros sin embargo, ante cualquier cosa que nos pase, lo primero que hacemos criticarlo, juzgarlo y dar nuestra opinión. En ese momento, ya no estamos viviendo la experiencia. Nos evadimos pensando el motivo del porqué nos pasó. Sino, vivimos proyectando tiempos mejores donde todo será perfecto, y volvemos a alejarnos del presente. Y sino, recapitulamos parte de nuestra existencia y como encajamos los golpes, y el presente se vuelve a alejar.
En la naturaleza, creo que predominan palabras; observar y aceptar, que en nuestra sociedad se mal interpretan. Observar, es una palabra compleja y llena de matices. Todos creemos ser observadores, pero ante cualquier circunstancia, de observador nos convertimos en jueces, y dictamos sentencias, o bien en expertos y vemos fácilmente las soluciones, o bien en psicólogos y comprendemos el mal de los demás, pero no el nuestro. De puertas a fuera todo es sencillo, fácil. Pero de puertas a dentro, hay pocos valientes que se atrevan a trabajar y ver donde están los problemas. Aceptar no significa luchar, tampoco juzgar, insultar y un sinfín de adjetivos. Aceptar significa ver las cosas tal y como son y vivirlas. Para ello se necesita quitar el filtro a la hora de observar, sin ese filtro el aceptar viene solo. Las cosas son y se viven, punto.
Ser indiferente es ser un observador que acepta todo lo que le toca vivir…
