miércoles, 7 de abril de 2010

Decir SI a todo y NO a nada


Esta explicación se queda ambigua. Si volvemos a nuestro bosque y recuperamos la amistad de nuestro querido árbol, él acepta todo lo que se le ofrece y lo vive en ese momento, pasado el tiempo no se acuerda de ello. Eso es decir Si a todo.

Por lo general vivimos en el juicio, eso nos divide y nos polariza. Ahora sí, y ahora no, no aceptamos y rechazamos los que nos toca vivir, porque la medicina no nos gusta. Y no vemos la lección que se nos ofrece en ese momento. Condicionamos todo lo vivido y lo etiquetamos, y luego con el desorden, apostillamos; “No me gusta”, “esto no es para mí”, “ahora no, más tarde, o quizás mañana”.

Hay otras personas, que aceptan el SI. Pero cuando cierran la puerta de su casa, lo sufren, lo malviven, y lo arrastran durante tanto tiempo que al final forma parte de su persona. Y creen que la vida les ha castigado y deben de llevar la pesada carga.

Desde mi punto de vista, y este va cambiando cada día, decir si equivale a aceptar, a relajarse y darse cuenta de que la vida es un juego, y las pruebas son eso, pruebas. También convivo con una parte que se llama ego, y que claro, no aceptar retirarse sin luchar. Este año será un buen año, para dejarle a un lado, y abrazar las bondades de la vida.

Por otra parte el decir NO a nada, equivale a dejar de lado el ego, lo aprendido, en cierta forma la sociedad y sus “normas”. Te desnudas de ropajes, de enseñanzas, de luchas y por primera vez sientes el ser natural que habitas…

jueves, 25 de febrero de 2010

Donde termina el cuerpo y empieza la mente


Para empezar, el cuerpo se refiere al cuerpo físico, a lo tangible. Y a la mente, le pondría también cuerpo, el cuerpo mental. De todo lo que voy a hablar, no puedo basarme en experiencia, ya que no he podido analizar el cuerpo mental, fuera del cuerpo físico, pero creo tener confianza en lo que expongo.

El cuerpo físico, es fácil de identificar, porque lo podemos tocar, oler, degustar… podemos volcar los cinco sentidos sobre él. También lo maltratamos, lo disimulamos bajo ropas, etc., nos aferramos a él, como si fuéramos solo eso, un cuerpo.

El cuerpo mental, no pertenece al cuerpo físico. Lo envuelve y se desplaza allá donde vaya. Pero es independiente.

El cerebro es el centro de comunicaciones entre el cuerpo físico y cuerpo mental. Se encarga de recibir la información dada por el cuerpo mental, procesarla y enviarla al cuerpo físico. No toda la información se percibe de la misma forma, unas veces se convierten en pensamientos y se refleja en algunos órganos. Otras veces se traducen en sensaciones, inquietudes, ansiedades, miedos, etc., pero el origen es el mismo, el cuerpo mental.

El cuerpo mental, también puede recibir interferencias, y convertir esas señales en propias. Vas por la calle y te cruzas con otra persona, puede ser que el cuerpo mental de esa persona esté expandido, y que invada tu cuerpo mental, si esa persona tenía temor a cruzar la calle, quizás se refleje en tu cuerpo, cierto temor a ser atropellado por un conductor despistado.

Por todo ello, los cuerpos físico y mental, figuran como capas, el uno alrededor del otro.

jueves, 14 de enero de 2010

Ser Indiferente


Pues nada volvemos a nuestro bosque y observamos a nuestro amigo árbol. En su transcurrir de vida, pasa los días viendo cómo evoluciona todo, como viene un nuevo día, como transcurre y como el día da paso a la noche, el sol a la luna. El árbol es inmóvil, no se puede marchar a su casa y recogerse. El observa todo lo que pasa a su alrededor, y lo acepta. No emite juicios, ni critica, ni arremete contra otros árboles de su alrededor… Él solo observa y acepta.

Si volvemos a riachuelo, veremos cómo alguna gota de agua es salpicada fuera del curso. Esas gotas, también vuelven a aceptar el destino. No se sienten traicionadas por haberlas apartado del resto de compañeras gotas. Llegado el momento, se evaporaran y comenzaran una nueva experiencia.

Nosotros sin embargo, ante cualquier cosa que nos pase, lo primero que hacemos criticarlo, juzgarlo y dar nuestra opinión. En ese momento, ya no estamos viviendo la experiencia. Nos evadimos pensando el motivo del porqué nos pasó. Sino, vivimos proyectando tiempos mejores donde todo será perfecto, y volvemos a alejarnos del presente. Y sino, recapitulamos parte de nuestra existencia y como encajamos los golpes, y el presente se vuelve a alejar.

En la naturaleza, creo que predominan palabras; observar y aceptar, que en nuestra sociedad se mal interpretan. Observar, es una palabra compleja y llena de matices. Todos creemos ser observadores, pero ante cualquier circunstancia, de observador nos convertimos en jueces, y dictamos sentencias, o bien en expertos y vemos fácilmente las soluciones, o bien en psicólogos y comprendemos el mal de los demás, pero no el nuestro. De puertas a fuera todo es sencillo, fácil. Pero de puertas a dentro, hay pocos valientes que se atrevan a trabajar y ver donde están los problemas. Aceptar no significa luchar, tampoco juzgar, insultar y un sinfín de adjetivos. Aceptar significa ver las cosas tal y como son y vivirlas. Para ello se necesita quitar el filtro a la hora de observar, sin ese filtro el aceptar viene solo. Las cosas son y se viven, punto.

Ser indiferente es ser un observador que acepta todo lo que le toca vivir…

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Ser Natural


Hace ya un tiempo, nos pidieron que escribiéramos que era Ser Natural para nosotros... y este fue mi resultado...

Para describirte lo que para mí es ser natural, déjame que lo haga a través de un ejemplo. Siempre será más fácil plasmar ese sentimiento, si discurre en un entorno “natural”. Para ello necesito que visualices un bosque, con un rio, un valle y montañas.

Una vez tenemos nuestro bosque, vamos a adentrarnos en él. Nuestra actitud será la de un observador, sin implicaciones, ni juicios, todo lo que hay en el bosque es perfecto y vive en armonía.

Ahora mira el árbol que ha crecido en la pendiente de la montaña, en un suelo lleno de rocas y poca tierra. El árbol ha crecido en un entorno poco favorable, pero sus raíces se han adentrado en las rocas y han conseguido sustraerles el alimento necesario para crecer y mantener un tronco enorme. Pero el árbol sigue viviendo pese a las dificultades que le ha tocado vivir. No siente rencor, por tener esas circunstancias. Ni codicia vivir en un valle junto al río. Solamente vive y es natural.

Ahora observa la piña seca que hay muy cerca de él. La piña creció en sus ramas, como un hijo crece en el seno de una familia. Le dio vida, hasta formarlo por completo. Luego un buen día partió y cayó de la rama, y entregó sus frutos a la tierra. El árbol no se apega a la piña, porque siente que es parte de él, sino que es consciente del proceso natural en el que está inmerso y que mientras pueda seguirlo, seguirá creando piñas, estación tras estación.

No dejamos a nuestro amigo el árbol, ahora observamos el manto de hojas secas a sus pies. Él sabe que con el paso de las estaciones, sus hojas cambian de color, se secan y desciende hasta el suelo, y que forma parte del ciclo natural. El apego no se marca en sus ramas, ni en su tronco, y mucho menos en sus raíces. Él deja ir todo aquello que ya no le aporta nada.

Ahora acércate al rio. Míralo y observa el transcurrir de sus aguas. El chapoteo que se produce cuando el agua choca con las piedras y como estás siguen su discurrir río abajo. No hay rencor por que existan piedras en el lecho del río, ni saltos de agua, ni embases, ni ninguna otra cosa inventada por el ser humano. Solo hay un fluir y poco más.

Ahora te siéntate cómodamente y siente todo lo que te rodea… Que hechas en falta? Yo te lo digo, el tic tac, los segundo, los minutos, las horas….. el tiempo. Si observas bien, no existe el tiempo, nadie se preocupa por lo que pasó ayer, ni lo que vendrá mañana. Ni por las lluvias. Solo viven ese momento. Tampoco están apegados al lugar que ocupan, ni siente rencor por vivir en una zona desfavorable, ni sienten envidia, ni tristeza, ni sufrimiento. Solo viven ese momento que tú estás observando. Y cuando marchemos seguirán viviendo otros momentos. Para mí eso es ser natural.