
Esta explicación se queda ambigua. Si volvemos a nuestro bosque y recuperamos la amistad de nuestro querido árbol, él acepta todo lo que se le ofrece y lo vive en ese momento, pasado el tiempo no se acuerda de ello. Eso es decir Si a todo.
Por lo general vivimos en el juicio, eso nos divide y nos polariza. Ahora sí, y ahora no, no aceptamos y rechazamos los que nos toca vivir, porque la medicina no nos gusta. Y no vemos la lección que se nos ofrece en ese momento. Condicionamos todo lo vivido y lo etiquetamos, y luego con el desorden, apostillamos; “No me gusta”, “esto no es para mí”, “ahora no, más tarde, o quizás mañana”.
Hay otras personas, que aceptan el SI. Pero cuando cierran la puerta de su casa, lo sufren, lo malviven, y lo arrastran durante tanto tiempo que al final forma parte de su persona. Y creen que la vida les ha castigado y deben de llevar la pesada carga.
Desde mi punto de vista, y este va cambiando cada día, decir si equivale a aceptar, a relajarse y darse cuenta de que la vida es un juego, y las pruebas son eso, pruebas. También convivo con una parte que se llama ego, y que claro, no aceptar retirarse sin luchar. Este año será un buen año, para dejarle a un lado, y abrazar las bondades de la vida.
Por otra parte el decir NO a nada, equivale a dejar de lado el ego, lo aprendido, en cierta forma la sociedad y sus “normas”. Te desnudas de ropajes, de enseñanzas, de luchas y por primera vez sientes el ser natural que habitas…



